Las mejores prácticas para atender a una persona de la tercera edad

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Antes… ¿qué es una buena práctica? o ¿buena praxis?

La “buena práctica” es aquella manera de hacer que introduce mejoras en el proceso y actividades: mejoras orientadas a producir resultados positivos sobre la calidad de vida de las personas con dificultades o dependientes.

Entendemos como buena práctica toda acción integradora desarrollada para garantizar la calidad, es decir, aquel conjunto de acciones que van dirigidas a la puesta en marcha de una actividad, a la realización de la misma, a la evaluación de los resultados, a modificar hábitos: 

Con el objetivo de utilizarlo eficientemente para la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad. Las buenas prácticas contribuyen al bienestar de las personas con dificultades.

En definitiva, las “ buenas prácticas” deben de tener en cuenta la integración de un proceso de trabajo analizando los condicionantes que nos permiten abordar el antes, durante y el después de toda práctica.

Podríamos considerar que las buenas prácticas son el conjunto de acciones dirigidas a conseguir unos objetivos centrados en la calidad de vida, la satisfacción y el bienestar personal y emocional. Éstas se centran en el uso de la empatía, conocimiento de gustos e intereses de las persona con diversidad, mediante la escucha activa, desde la perspectiva de trabajo en equipo, desde la realización, análisis y la puesta en común para trabajar estrategias de coherencia. 

Las buenas prácticas son el soporte del bienestar y es fundamental en las actividades. Son la «pieza clave» para que aquellas acciones que hemos sistematizado desde la planificación, se traducen en ejemplos claros de la mejora de calidad de vida de las personas.

Las buenas prácticas focalizadas en la atención a la tercera edad y/o dependencia se dividen en 4 grandes bloques:

Compromiso

  • Capacidad de adaptación a las diferentes situaciones usuarios.
  • Flexibilidad.
  • Paciencia.
  • Tolerancia.
  • Puntualidad.
  • Honestidad y transparencia.

Comunicación

  • La participación de la familia.
  • Tipo de lenguaje verbal/no verbal.
  • Uso de nuevas tecnologías y redes sociales.
  • Uso del teléfono.

Respeto

  • Adaptación a los valores, preferencias de atención, lugar, entorno y pertenencias de la persona y familia usuaria.
  • La confidencialidad y la intimidad en la información de la persona
  • A la imagen personal como un símbolo de identidad de la persona y de identificación en un grupo social.
  • A los procesos y rutinas de las personas.

Profesionalidad

  • Potenciar y respetar la decisión de la persona mayor con derecho de autodeterminación.
  • Promover las capacidades de la persona.
  • La revisión de prácticas profesionales en funciones de acompañamiento, apoyo y cura de las personas.
  • Empatía.
  • Distancia amable.

Principios éticos

La ética es una ciencia que estudia lo que es bueno y lo que no lo es de la conducta humana. Ayuda a concienciar a las personas desde espacios de reflexión de cómo es el comportamiento que tenemos delante lo que nos pasa. La ética trabaja los hábitos y los actos que desarrollan en función de unos principios morales que generan comportamiento responsables. Se fundamentan en 4 principios básicos para el desarrollo de procesos de acompañamiento.

Principio de autonomía

La autonomía es la capacidad y/o el derecho de una persona a elegir reglas de su conducta, y riesgos que está dispuesta a asumir dentro del contexto organizacional. El principio de autonomía se traduce en el respeto a la libre elección, al consentimiento informado y a participar activamente en la toma de decisiones en todo aquello que les incumbe en relación a sus tratamientos, curas y relaciones.

El principio de autonomía tiene un carácter imperativo y debe respetarse como norma, excepto cuando se dan situaciones en que las personas puedan dejar de serlo o de presentar una limitación para ellas mismas.

Principio de no maleficencia

El principio de no maleficencia expresa el deber de abstenerse intencionadamente a realizar acciones que puedan causar daño o perjudicar a otros. Este principio exige un desarrollo de la virtud de la prudencia y una capacidad de anticipar los problemas a males que puedan ser derivados de una actuación.

Principio de beneficencia

Se refiere a la obligación de actuar en beneficio del otro, promoviendo sus intereses y suprimiendo sus prejuicios. Exige buscar, por encima de todo, el bien de la persona usuaria, en todos sus aspectos: corporal, psicológico, social y espiritual.

Principio de justicia

Este principio exige evitar cualquier forma de discriminación y pide tratar a cada persona como es correspondiente, con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad (Ideológica, social, cultural, económica, etc). Aún así, no nos tenemos que confundir, ya que la atención a cada persona usuaria tiene que ser personalizada considerando sus necesidades y posibilidades únicas.

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