Impacto de las relaciones familiares en la tercera edad
Sara Pacheco
Publicado el 14 de febrero de 2024

Las personas tenemos una serie de necesidades a lo largo de nuestra vida. Algunas de ellas aparecen en un momento vital, mientras que otras se mantienen, mostrando un carácter intergeneracional. Como seres sociales, en el proceso de envejecimiento, la necesidad de vincular y compartir en un entorno social tiene una gran importancia.
El apoyo social es crucial en el proceso de adaptación a cambios asociados al envejecimiento
Durante el proceso de envejecimiento, el estado físico y cognitivo empieza a verse afectado, generando limitaciones en la funcionalidad. Por ejemplo, la audición, la estabilidad en la marcha o la memoria de hechos recientes, son capacidades que con frecuencia se ven mermadas con relación a su funcionamiento habitual durante la etapa adulta. A esto pueden sumarse patologías que potencien aún más la pérdida de estas capacidades.
Ser consciente de estas limitaciones puede generar sentimientos de frustración y desesperanza, al no verse la persona con autonomía para desempeñar funciones por sí misma.
En otras ocasiones, no hay conciencia de estas limitaciones, lo cual favorece una menor afectación del bienestar emocional, aunque puedan aparecer riesgos durante la realización de actividades (por ejemplo, riesgo de caída al no utilizar productos de apoyo como bastones o andadores; o riesgo de olvidarse la olla en fuego, al iniciar una segunda actividad y olvidar que se había comenzado a cocinar).
Todos estos cambios mencionados implican en muchas ocasiones pasar por un proceso de aceptación, e incluso duelo, que permita adaptarse a las nuevas condiciones vitales. El sentido de pertenencia, el control sobre las decisiones o autodeterminación y el apoyo social son cruciales en estos momentos.
Importancia del entorno social
El entorno familiar y social es esencial para las personas mayores, brindando compañía, apoyo y estimulación.
Las amistades y comunidad favorecen el sentido de pertenencia a un grupo
Las personas de la misma edad pueden establecer una relación de apoyo mayor al reconocer mejor en los iguales sus propias necesidades. Por ello, a esta edad, las amistades no solo cumplen una función de compañía, sino que favorecen el sentido de pertenencia a un grupo.
Asimismo, las relaciones mantenidas con la red de vecinos, personas del barrio o conocidas por la participación en actividades comunitarias también pueden cumplir estas funciones.
Por otro lado, es habitual que en esta etapa vital la frecuencia de interacciones sociales con amistades disminuya. Las causas más comunes suelen ser el final de vida o las limitaciones físicas propias o del otro/a para poder mantener la misma frecuencia de contacto presencial que en momentos anteriores.
A pesar de esto, es importante destacar que el uso de la tecnología está empezando a ser cada vez más extendido entre los adultos mayores (o facilitada por otras personas del entorno), lo cual abre aún más el abanico de opciones para mantener relaciones interpersonales.
Familia
En general, las relaciones familiares brindan compañía y apoyo, favoreciendo la estimulación física y cognitiva del adulto mayor. Asimismo, pueden dar soporte en el apoyo en tareas propias de la rutina diaria.
Cabe destacar que la comunicación e interacción regular con los seres queridos favorece el mantenimiento de los lazos familiares, proporcionando seguridad y confianza.
Por su parte, el hecho de que los adultos mayores pasen tiempo con los más pequeños de la familia se relaciona con mayores niveles de autoestima, al potenciar su sentimiento de utilidad y transmisión de valores.
La pareja generalmente cumple una función de apoyo emocional, seguridad e intimidad. La pérdida de una pareja en esta etapa supone enfrentar un proceso de duelo, lo que puede conllevar sentimientos de soledad y tristeza.
Ocasionalmente, el proceso de envejecimiento avanza con la presencia de enfermedades no normativas o que limitan en mayor medida la funcionalidad, afectando a un miembro de la pareja, lo cual podría generar cambios en los roles previamente establecidos al convertirse alguno de ellos en cuidador principal del otro/a.
En todo caso, la familia tiene un papel importante al ofrecer oportunidades al adulto mayor para que siga manteniendo una participación activa, brindando el apoyo emocional y en algunos casos material, necesario para que su padre, madre, abuelo, abuela… mantenga la mayor calidad de vida posible.En algunos casos, las limitaciones en la funcionalidad del adulto mayor precisan introducir apoyos, que pueden ir desde la supervisión e indicaciones verbales, a la ayuda parcial o total en algunas actividades. La familia suele hacerse cargo de dar soporte en estas necesidades. Aunque hay que tener presente que, si no se logra un equilibrio entre el bienestar personal y el cuidado prestado, existe el riesgo de que se produzca sobrecarga física y/o emocional. En estos casos, optar por introducir apoyos formales que puedan prestar el soporte necesario en el cuidado de las personas, puede reducir estos riesgos, permitiendo que el tiempo compartido entre los miembros de la familia sea de mayor calidad.

Sara Pacheco
Sara Pacheco Referente Social Qida Psicóloga graduada por la Universidad de Salamanca con acreditación como sanitaria a través de la Universidad del País Vasco y con Máster de Neuropsicología a través de la Universidad Oberta de Catalunya
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