El final de la vida a domicilio: una opción cada vez más preferida | Qida

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La última etapa de la vida siempre ha sido una preocupación para el ser humano, puesto que nos enfrentamos a lo desconocido, a un momento que vivimos internamente, y esto nos genera una gran incertidumbre. Podemos afirmar que la relación del hombre con la muerte ha sido siempre compleja.

En este contexto, el lugar donde fallecemos cobra especial relevancia, puesto que puede influir significativamente sobre algunos de los síntomas que las personas en esta situación padecen. El cambio de residencia o la permanencia de una persona mayor en un hospital pueden tener consecuencias como la desorientación o la confusión.

Si bien es cierto que los profesionales sanitarios se afanan por hacernos sentir como en casa en los casos de ingreso hospitalario, la realidad es que es difícil sentirse como en el hogar cuando no se está en él. Adicionalmente, en muchas ocasiones es necesario compartir habitación con otro enfermo, lo que puede generar una cierta irritación, intranquilidad o ansiedad en el paciente. Sin embargo, la salud es prioritaria y muchas veces es imprescindible pasar estos momentos en el hospital.

Para aquellos que es posible, pasar el último periodo de la vida en un lugar conocido aporta comodidad, tranquilidad y permite traer a la mente recuerdos de momentos vividos con la familia, con los amigos, un gran estímulo para afrontar esta situación con la mayor calma y paz posibles.

A esto se añade el hecho de que para el mayor siempre será más agradable tener a su lado a la(s) persona(s) que siempre lo han cuidado, pues se sentirá acompañado, querido y sosegado.

Diversos estudios apuntan que los enfermos en la fase final de la vida prefieren pasar sus últimos momentos en el domicilio rodeados de su familia. No en vano, la realidad muestra que todavía la mayoría acaba muriendo en el hospital.

En este entorno, resulta especialmente interesante retomar la reflexión sobre la necesidad de una atención integral a las personas que aúne el ámbito sanitario y social. Desde Qida seguimos impulsando este cambio, que puede suponer una mejora sustancial en el cuidado de enfermos crónicos y una optimización de los costes sanitarios. No obstante, todo siempre dependerá de los casos de cada persona, puesto que, algunos únicamente pueden gestionarse y tratarse en el hospital.

La atención centrada en la persona (ACP) es una prioridad para Qida, ya que busca y prioriza la calidad de vida de las personas mayores teniendo en cuenta sus deseos y voluntades. Plantea una atención desde la profesionalidad y el conocimiento técnico, pero poniendo en el centro de la planificación de los cuidados a la persona destinataria, desde el respeto a sus elecciones.

Con independencia de si el paciente y/ o la familia eligen el domicilio o el hospital para el momento de la muerte, lo que está claro es que la cercanía, el cariño, la paciencia y, en definitiva, la humanidad son claves para acompañar a una persona en su último tramo.

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