La incontinencia, el uso de pañales y el cansancio del cuidador familiar |Qida

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Asumir que nos hacemos mayores es un proceso en sí mismo difícil de asumir. Sin embargo, si a esto le añadimos ese momento en que tomamos conciencia de que necesitamos que otros nos cuiden, esta gestión se puede volver todavía más complicada.

Consecuencias en el mayor

Pudor en la vejez

La etapa de la vida caracterizada por las canas y las arrugas trae consigo el incremento del pudor, sobre todo entre los más mayores. La incontinencia suele ser un problema al que se enfrentan muchas personas, sobre todo mujeres, lo que implica la necesidad de tener que llevar compresas. Ante esta situación, los mayores se sienten apurados y pueden llegar a sentir vergüenza al oír hablar de incontinencia y control de esfínteres. Podríamos decir que es casi un tema tabú para la persona que lo sufre.

Como consecuencia de estas pérdidas, la persona puede acabar sintiéndose agotada emocionalmente al no poder controlar una situación ante la que nunca se había encontrado con anterioridad.

El uso de pañales y la autoestima

A este cansancio se podría añadir una pérdida de la autoestima, sobre todo en los casos en que los más mayores necesitan llevar pañales ante su incapacidad de controlar los esfínteres. Esto ocurre, sobre todo, en las personas que mantienen intactas sus capacidades cognitivas, pues son plenamente conscientes de lo que les ocurre. Por el contrario, aquellas personas que sufren un deterioro cognitivo pueden no ser realmente conscientes de la situación y, por tanto, no padecer ese pudor y falta de valoración de uno mismo que mencionábamos anteriormente.

Consecuencias en el cuidador

¿Cómo se sienten los cuidadores ante esta situación?

El incremento de la dependencia de una persona mayor afecta a todo el sistema familiar hasta tal punto que puede afectar al estado emocional y físico del cuidador.

Por uno lado, la jerarquía familiar se invierte. Los que hasta ahora siempre habían cuidado de nosotros necesitan de nuestros cuidados, algo para lo que el ser humano, por naturaleza, no está programado. Esto puede generar un sentimiento de tristeza e impotencia en la persona que se hace cargo del mayor, puesto que resulta muy duro ver a quien siempre se preocupó de nosotros en una situación de vulnerabilidad.

Por otro lado, no podemos olvidad lo duro del trabajo de cuidar de otros. En nuestro articulo «Cómo evitar la sobrecarga o burnout de los cuidadores» profundizamos en la importancia de cuidarse para evitar la sobrecarga que este trabajo supone. Responsabilizarse de una persona en situación de dependencia, que además no tiene un buen control de esfínteres, puede suponer un gran estrés, por las necesidades que tiene y por la impotencia que puede llegar a sentir el cuidador por no poder mejorar su estado. A esto se añade el hecho de que muchos cuidadores también son madres y padres y, por tanto, responsables del cuidado de sus hijos.

En definitiva, cuidarse para cuidar y quererse para querer son elementos clave que habrá que tener en cuenta a la hora de hacer frente a una situación familiar de este tipo.

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