Jornada Essencials. Aula de atención domiciliaria integrada UIC Barcelona y Qida

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El pasado día 24 de febrero inauguramos el Aula de Atención Domiciliaria Integrada en la Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona) con la jornada Essencials, donde compartimos con los profesionales de Trabajo Social de los ámbitos social y de salud interesantes reflexiones centradas en el momento actual de la profesión, así como en su aportación durante la pandemia y en los retos que el futuro plantea.

Uno de los principales ejes que abordó la jornada fue el reconocimiento social de la profesión y la necesidad de hacer visible el contenido de su trabajo. Desde el inicio de la pandemia, se demostró la necesidad de incorporar la mirada social a la emergencia sanitaria para dar una respuesta unificada e integrada, poniendo a la persona en el centro y abordando las consecuencias sociales que estaban provocando la pandemia. En este sentido, se ha demostrado que el papel desarrollado por las trabajadoras sociales ha sido una de las piezas clave para la sociedad, ganando el reconocimiento de sus profesionales.

Durante Essencials, también se destacó la importancia del reconocimiento propio de los profesionales de Trabajo Social: valorarse, hacerse valer y explicar a otros profesionales con los que se trabaja habitualmente cuáles son los objetivos de sus intervenciones y por qué son imprescindibles. De la misma manera, se deben compartir las experiencias profesionales en foros de benchmarking: lo que se hace, el cómo y el por qué.

Otro de los puntos analizados fue la importancia del liderazgo y el empoderamiento de los equipos, innovando e investigando nuevas actuaciones y maneras de hacer. Un concepto innovador es el de formar parte de las Skin professions, aquellas profesiones sensibles al estado emocional de las personas, tanto de las que las ejercen como de aquellas a quienes van dirigidas.

TRABAJO SOCIAL Y PANDEMIA

Durante la pandemia, fue relevante el reconocimiento del Trabajo Social como un servicio esencial con el objetivo imprescindible de hacer un trabajo de cribaje de la población en riesgo dando valor al rol del trabajador social.

Otra función en estos últimos tiempos de pandemia fue su papel en la transmisión de la información a las familias conteniendo la presión sobre los profesionales sanitarios. Especialmente en el acompañamiento en el duelo, además de seguir con su función de desplegar recursos en un momento en que estos eran especialmente escasos.

Durante los peores meses de la pandemia la mejora en la coordinación con otros niveles asistenciales y especialmente con las residencias fue una forma de trabajo integral que se considera imprescindible no perder. En esta época, también se pone en valor las soluciones creativas de los profesionales sociales con resultados tan eficientes como innovadores como fueron los conocidos como “hotel salud” y las soluciones que se adoptaron para el sensellarisme, entre otras.

RETOS DE FUTURO DEL TRABAJO SOCIAL

Como retos de futuro se resaltan aquellos que tienen como objetivo mantener los niveles de coordinación logrados. Debe destacarse el papel realizado por el trabajador social como coordinador y gestor de casos trabajando desde los valores, empoderando a las personas y priorizando su autonomía de forma integrada junto a los otros profesionales. Deberían añadirse las competencias de los trabajadores sociales en los equipos asistenciales sanitarios, con el objetivo común de mejorar el bienestar de las personas y la cohesión social. Dentro de Trabajo Social, el “qué” ha de ser compartido, común y universal, pero el “cómo” (las soluciones) han de ser de proximidad y adecuadas al ámbito asistencial. Aquí adquieren especial importancia los nuevos perfiles sociales que se identifican dentro del trabajo social como en atención primaria y salud mental por poner algún ejemplo.

En el futuro, también, el trabajo social adquiere una importancia relevante en el proceso de envejecimiento. Pero también antes, identificando las necesidades de soporte a la persona cuando enferma y a lo largo de toda su vida con enfermedad. Ya en la vejez, como protector de los derechos personales dando respuesta a las preferencias en las decisiones de cómo organizar sus servicios de cuidados: qué, cuándo y dónde.

La sociedad en su conjunto debe dar importancia a los determinantes sociales y a todas aquellas políticas sociales que afectan a la dignidad de las personas como vivienda, salud mental, empleo, salarios, etc.

Se vuelve imprescindible recoger datos y sistematizar actuaciones, implementando el trabajo en red y poder establecer indicadores de efectividad. Revisar todo aquello que se da por hecho con relación a la atención a la gente mayor. Un ejemplo muy descriptivo lo representan las personas con trastornos mentales que, una vez cumplidos los 65 años, pasan a depender de la atención psicogeriátrica.

Como último punto cabe destacar la necesidad de contribuir al abordaje del sufrimiento emocional acrecentado a raíz de la pandemia, tanto en personas socialmente vulnerables, niños, adolescentes y gente mayor como en los propios profesionales.

Una vez analizados los puntos más importantes con relación a la situación vivida por los profesionales del trabajo social durante la pandemia y los retos de futuro que se plantean, hay que identificar el nuevo perfil profesional para dar respuesta a estos retos.

Hablaremos de profesiones con altas habilidades sociales de liderazgo y empatía, con una mirada sistémica hacia la persona y hacia el conjunto de recursos y ofertas, que utiliza principalmente la escucha activa. La detección de necesidades es su área de esperteza y ha de tener un alto nivel de adaptación al cambio. Trabajando de forma integrada en equipos sanitarios, brindando atención continuada, coordinada, integral e integrada, ejerciendo un papel de coordinador y gestor de casos.

Los centros de servicios sociales deberían ser, en el futuro, espacios para escuchar a las personas donde se diferencie la atención personal social y de acompañamiento de aquellas funciones dedicadas a tramitar gestiones. Debe poder realizar tanto atención individual como colectiva dando respuestas que generen mayor autonomía y no más dependencia.

El trabajo en red se vuelve imprescindible para poder generar indicadores de efectividad que permitan mejorar las actuaciones y dar cuenta de ellas a la población para la que trabaja.

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